Regresaba a casa, luego de haber impreso algunos trabajos. Pasé a cargar mi tarjeta bip para el Transantiago. Luego caminé cuatro cuadras para abordar el bus. Aguardé varios minutos y cuando ya emprendía el viaje, me percaté que no portaba la tarjeta... la busqué y la busqué... no apareció... ¿Qué hago? me preguntaba... me bajo y me devuelvo? ¿o se me habrá caído?. Cuando ya el bus había avanzado otras cinco cuadras decidí bajarme... En el retorno llegué a transpirar... y al llegar al negocio donde había cargado, pude ver que ya estaba cerrado. ¿Qué hacía ahora? ...pensé algunos instantes. Decidí preguntar al lado del negocio... estaba la puerta entreabierta. Demoraron, pero finalmente salió la misma señora que me había atendido en el Local. "...disculpe señora... ¿no se me habrá quedado la tarjeta en el negocio?" -pregunté.Claro... estaba encima del mesón y una señora dijo que no era de ella... pudieron habérsela llevado...¡GRACIAS A DIOS! había valido la pena volver... Si bien validé otro pasaje (ya habían pasado las dos horas), no perdí mucho más, como sí hubiera ocurrido de no haber vuelto.Bueno, este fue un error accidental... un descuido. Se acostumbra a decir que "un error lo comete cualquiera".Pero lo cierto es que cada error trae una consecuencia. Y esa consecuencia hay que asumirla. Mi error trajo una serie de incomodidades que podrían haberse evitado, sino hubiese actuado con tanto apuro.Este error fue un descuido y mi descuido tuvo consecuencias que pudieron ser aún peores.Ahora bien, existen los errores involuntarios; pero también están los errores voluntarios: Cuando se nos advierte de un peligro por ejemplo... o de un camino que no debemos seguir. Pero igualmente lo seguimos. Estos casi no serían errores, sino más bien una desobediencia. Conviene entonces, de vez en cuando analizarnos y repasar nuestros errores.NO SEA QUE POR UN ERROR INTENCIONAL... UN DESCUIDO INTENCIONAL... PERDAMOS NADA MÁS Y NADA MENOS QUE LA VIDA ETERNA... CONVIENE BUSCAR Y TOMAR EN CUENTA EL LLAMADO DE DIOS A SU ÚNICO CAMINO: JESUCRISTO. PARA NO LAMENTAR POR UN GRAVE ERROR, CONSECUENCIAS ETERNAS.
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