lunes, 15 de febrero de 2010

PAN, PERO NO TOMATES


Dios nos estimula a amarnos a nosotros mismos, y a amar a los demás así como nosotros nos amamos. Y esto implica una preocupación genuina por los demás. O sea que cuando hacemos algo en beneficio de otros, lo hagamos como si fuese para nosotros mismos. Y aún más sublime que esto: Como si fuese hecho para Dios. Sin embargo, en la práctica, a diario vemos ejemplos de situaciones en que esto está lejos de cumplirse.
¿A quién no le ha tocado por ejemplo, ir a la panadería y darse cuenta en los autoservicios, de cómo la gente saca el pan con sus manos en lugar de usar las tenazas dispuestas para ello?. Sin pensar que sus manos han tomado dinero; y ese pan que escogen y luego dejan de lado, otro tendrá que llevarlo. Y aunque no fuera así, el pan que llevan es para su propia familia; y tampoco estarían colocándose en el lugar de ellos.
Si lo anterior es faltar a una medida básica de higiene, mayor es la irresponsabilidad de quienes venden el pan y luego de estarse pagando, van a buscar el producto a las dependencias interiores de la panadería sin tener el más mínimo reparo en sus clientes habituales. Si hacen esto los propios dueños de una panadería, lógicamente uno podría pensar: "¿Qué queda para sus empleados?" Y si añadimos a este mal hábito, a las infaltables moscas deambulando arededor del pan, ¿qué reglas de manipulación de alimentos se pueden exigir a pequeños comerciantes que se inician, si quienes están funcionando por tantos años no las cumplen?
En contraste con este ejemplo, hace unos pocos días veíamos por T.V. con asombro, cómo un hombre arriesga su vida por correr un vehículo atrapado en la línea férrea, segundos antes de que el tren lo hubiera arroyado, con consecuencias trágicas para sus ocupantes. Ese hombre que se bajó de la moto, para realizar tal hazaña, se convirtió en "héroe nacional" en Argentina. Claro, dirá alguien, este es un ejemplo de vida o muerte. Quizás tenga razón. Pero la preocupación por otros está en los pequeños como en los grandes hechos cotidianos.
El cristiano en particular, está llamado a ponerse en el lugar del otro; y sí le debe importar cada cosa que haga y pueda afectar a otros favorable o desfavorablemente.