sábado, 3 de abril de 2010

LOS CIMIENTOS DEL SABER (REFLEXIÓN)


Los años de la niñez, adolescencia y juventud, son vividos en ciertos casos, con la idea que prácticamente nunca acabarán. Así lo demuestran al menos, las expresiones despectivas de algunos menores de edad, al referirse a los ancianos o adultos mayores. Incluso, la adultez ya es vista por muchos, como una etapa de decadencia; sin considerar que tarde o temprano, todos llegaremos a recorrer el mismo camino: aquel camino al cual pocos quieren llegar.
Si bien la pujanza de la juventud, y la prontitud o destreza característicos de los años mozos, posibilitan la diversidad de variadas actividades, versus una ágil capacidad de reacción ante lo adverso; nunca sin embargo, ello igualará a la experiencia adquirida a travez de los años; versus la sabiduría y criterio, producto de una trayectoria alcanzada a costa de caídas, tropiezos y golpes que la vida nos depara.
Por ello y muchas razones más, el niño y el joven no deberían tratar de "viejos" a los adultos.
(A propósito de esto, últimamente en un aviso publicitario de la T.V., se ve a un hombre decir: "las cosas son viejas, no las personas...")
La ropa es vieja. Las personas son mayores, ancianos, etc. A no ser que alguien, por cariño trate de esta manera a otro, y siempre que él o ella, esté de acuerdo con ese trato.
Recuerda niño, recuerda joven: Los años pasarán velozmente; más aún cuando en los últimos tiempos los días serán acortados, según la profecía bíblica (Sn.Mat.24:22). Y también necesitarás del apoyo, comprensión, respeto y honra de quienes vengan tras de tí.

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